
12 Apóstoles
Gracias a la predicación de los Apóstoles de Jesucristo, hoy 11-09-10 00:50 puedo escribir esto, con la Fe heredada, regalada por Dios y en continuo crecimiento, recogiendo ese testigo e intentando hacer lo poco que pueda, siendo consciente de que una vez conocido Jesucristo una vez abiertos nuestros oídos y ojos (por y para Dios) todo adquiere un centro y una dirección diferentes y ya nunca más vuelve a ser suficiente “tener Fe para uno mismo” porque esa Fe quiere ir a alguna parte y crecer siendo compartida.
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la Fe de la Iglesia de la que formamos parte todos los cristianos, la hemos recibido de la tradición apostólica, los 12 apóstoles, los 12 amigos que Jesús se eligió para que le acompañaran, para enseñarles lo que Dios tiene preparado para todos y cada uno de los hombres y mujeres ya en esta vida, e instruirles para no tener miedo de ir a enseñárselo al mundo --> Simón Pedro y su hermano Andres, Santiago y Juan hijos de Zebedeo, Felipe, Bartolome, Tomas y Mateo, Santiago el menor, Juas Tadeo, Simón el Cananeo y Judas Iscariote. Más tarde Matías reemplazaría a Judas Iscariote.
Esa Fe permanece igual que la de la Iglesia primitiva, instituída por el mismo Jesús, y la misma que proclaman todos los padres apostólicos.
Jesús de Nazareth subió a la montaña y llamó de entre sus discípulos a los que él quiso, instituyéndolos sus apóstoles. Con excepción de Judas Iscariote, por quien Jesús fue entregado a su sacrificio, los demás debieron ser “Verdaderos Israelitas en los que no había engaño”.
Al enviarles con la misión de enseñar a las naciones, les había encomendado que enseñaran todo lo que Él les había enseñado y al prometerles el Espíritu Santo había afirmado que Éste les enseñaría todas las verdades.
La Iglesia Católica (Universal) es Apostólica en virtud de Cristo quien la edificó sobre la piedra de Pedro, Pablo y los Apóstoles. Tuvo su inicio en un momento muy preciso, con la llegada del Espíritu Santo tras la Resurreción de Jesús estando reunidos en Jerusalén los Apóstoles y María la madre de Jesús. Y desde ese momento conocemos las verdades reveladas por Dios a los Apóstoles y por ellos transmitidas a toda la Iglesia, gracias al trabajo casi inhumano de este pequeño grupo de hombres.
Jesús no fue ningún iluso al confiar a sus discípulos una misión universal y prolongada en el tiempo indefinidamente pues Dios se sirve de la debilidad humana, y los Apóstoles eran hombres, de Carne y hueso sí, pero a los que Jesús mismo les aseguró: “Yo estoy con vosotros hasta el fin del mundo”, por tanto cimientos vivos de la Iglesia surgida tras la resurrección de Cristo.
Desde un principio la Iglesia primitiva prolonga la misión de Jesús, y su preocupación constante ha sido mantenerse fiel a esta consignación apostólica, considerando como falsa toda innovación en materia de fe. Este depósito de la Fe es el que San Pablo entrega a Timoteo, así como los otros Apóstoles a sus sucesores (tanto en la Sagrada Escritura, como en la tradición oral), recomendándoles que evitaran toda nueva doctrina y que fundaran toda su predicación sobre los cimientos de los Apóstoles y Profetas.
Nosotros hemos de aferrarnos solícitamente a esa tradición apostólica.